XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Atención Primaria.
Dolor de rodilla derecha.
Enfoque individual
No antecedentes personales de interés.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Una propuesta indecente
Paciente de 65 años con incapacidad temporal (IT) por accidente laboral de cuatro meses de duración por herida inciso contusa en cara lateral de rodilla derecha. En este contexto se diagnostica de meniscopatía sin poder precisar tiempo de evolución ni relación con el accidente siendo subsidiario de rehabilitación. Al finalizar esta es dado de alta.
Acude a consulta por sentirse incapaz de desempeñar su trabajo como mozo de almacén. El paciente solicita que se considere emitir una IT hasta agotar el tiempo límite y que cuando esta expire se le dé una IT por otro motivo hasta que llegue su jubilación.
Tratamiento y planes de actuación
Esto abre una grieta en la relación médico-paciente, percibe al profesional como mero ejecutor de trámites burocráticos sin considerar que ha de ser el que realice el seguimiento y tratamiento de su patología y el que valore la idoneidad de continuar o no de IT. Por parte del profesional existe una pérdida de confianza en la veracidad de los síntomas que el paciente pueda referir así como pérdida de capacidad objetiva para realizar el seguimiento.
Evolución
Se le explicó que si no estaba conforme con el alta debía hacer una determinación de contingencia, que lo que prima es el criterio médico para dirimir si la situación clínica le incapacita para su trabajo y que aceptar su propuesta sería negligente.
Es frecuente atender pacientes que quieren dirigir el abordaje del problema que plantean y que solicitan una IT.
La IT es un acto médico, no un trámite administrativo ni una concesión a demanda. Es una decisión clínica basada en la capacidad funcional del paciente y en las exigencias de su trabajo. Debe perseguir un objetivo clínico concreto y revisable. La presión del paciente no debe sustituir al criterio clínico. La relación médico-paciente basada en la confianza es una garantía de equidad y de justicia social ya que actúa como barrera de seguridad. El conflicto debe reconducirse desde la confrontación a la toma de decisiones compartida, escuchando las expectativas del paciente pero sin convertirnos en emisores de partes.