X Jornadas de Medicina Rural de la semFYC
2 y 3 de octubre
Enfoque individual
Varón de 68 años que acude a consulta tras insistencia de equipo de Atención Primaria por empeoramiento de estado clínico, con síndrome constitucional de 5 meses de evolución, acompañado de pérdida ponderal de 14 kgs, junto con rechazo a la ingesta, sensación nauseosa constante y vómitos de repetición con abundante astenia. Afebril, niega deposiciones diarreicas ni alteraciones en las heces.
Exploración física: Peso 70 kg, talla 163cm
Enfoque familiar y comunitario
convive con esposa en medio rural aislado. Buen apoyo familiar. Agricultor, poco frecuentador.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Diagnóstico diferencial: Neoplasia digestiva/urológica, uropatía obstructiva, enfermedad renal crónica.
Tratamiento y planes de actuación
Se cita nuevamente de forma preferente con analítica (incluyendo reactantes de fase aguda y sangre oculta en heces) junto con una exploración física más completa. Ante el hallazgo de FRA (ausente en la analítica de 9 meses antes), con creatinina de 15,5 mg/dL, FG 3 ml/min, hiperpotasemia severa, hiponatremia y anemia normocítica, el paciente fue derivado urgentemente al hospital tras realizar un electrocardiograma sin hallazgos patológicos.
Evolución
Tras la derivación, Nefrología diagnosticó un FRA secundario a uropatía obstructiva y deshidratación con hiperpotasemia, anemia y síndrome urémico. La ecografía evidenció hidronefrosis bilateral por hiperplasia benigna de próstata. Tras el tratamiento, la creatinina descendió hasta 4 mg/dL, persistiendo una enfermedad renal crónica avanzada (G4A2), pendiente de estudio para terapia renal sustitutiva y valoración de trasplante. Actualmente continúa en seguimiento conjunto para el control del sondaje vesical y de los factores de riesgo cardiovascular
Este caso destaca el papel esencial de la Medicina de Familia en la detección precoz de enfermedades graves, especialmente en pacientes reticentes a consultar o que minimizan sus síntomas. Pone en evidencia la importancia de la continuidad asistencial y la coordinación entre atención primaria y hospitalaria para garantizar un diagnóstico precoz, tratamiento adecuado y seguimiento de patologías crónicas.