XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Atención Primaria. Unidad de salud rural.
Niña de cinco años, traída a consulta por su madre debido a la aparición de lesiones cutáneas eritematosas polimorfas en el tronco y las extremidades, sin afectación de palmas ni plantas, tres semanas después de una picadura de garrapata.
Enfoque individual
Antecedentes: traslado reciente (menos de cuatro meses) desde un medio urbano a una zona rural de riesgo epidemiológico para borreliosis, con fauna silvestre reservorio de Borrelia; contacto con un perro doméstico y extracción de tres garrapatas. Anamnesis: cuadro febril, poliartralgias y lesiones cutáneas coincidentes con la exposición referida. Exploración física: lesiones dérmicas eritematosas polimorfas en tronco y extremidades, sin afectación palmoplantar. Pruebas complementarias: primera serología frente a Borrelia burgdorferi inconcluyente para inmunoglobulina M (IgM) e inmunoglobulina G (IgG); segunda serología, un mes después, positiva para IgM y negativa para IgG; serologías frente a fiebre maculosa no reactivas.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Alta sospecha de síndrome de Baggio-Yoshinari (SBY), al cumplirse tres criterios mayores (epidemiología compatible, serología positiva y clínica pertinente). El principal diagnóstico diferencial planteado fue la fiebre maculosa.
Tratamiento y planes de actuación
Se mantuvo una vigilancia clínica estrecha y se inició tratamiento oral con amoxicilina a 50 mg/kg/día, distribuida en tres dosis durante tres semanas, desde la primera consulta y ante la sospecha clínica, sin esperar la confirmación serológica, de acuerdo con el protocolo nacional vigente para menores de nueve años.
Evolución
Se efectuó un seguimiento mensual en Atención Primaria durante seis meses. Al finalizar este periodo, la serología para IgM e IgG fue negativa, hallazgo interpretado como ausencia de cicatriz serológica debido al inicio precoz del tratamiento. En la revisión realizada cuatro años después, la paciente continuaba asintomática y la serología permanecía no reactiva, lo que confirmó la curación completa y la ausencia de secuelas.
El diagnóstico del SBY es fundamentalmente clínico-epidemiológico y no debe demorarse a la espera de la confirmación serológica, dada su baja sensibilidad en fases tempranas. El inicio precoz del tratamiento antibiótico evitó complicaciones sistémicas (articulares, neurológicas y cardíacas) y permitió la curación completa. Este caso pone de relieve el papel del médico de familia en el reconocimiento de zoonosis emergentes en el medio rural mediante criterios clínicos validados, así como su papel central en el seguimiento longitudinal del paciente.