5, 6 y 7 de febrero de 2026
Demostrar cómo la ecografía clínica portátil permitió mantener el diagnóstico, la toma de decisiones y la atención segura durante el apagón nacional, cuando todo lo demás falló: sin historia clínica, sin laboratorio, sin radiología, sin derivaciones… solo nosotros y la sonda.
El día del apagón nos quedamos a oscuras… pero no a ciegas. Sin ordenadores, sin analíticas ni pruebas de imagen, nuestro ecógrafo y su batería fue el único recurso tecnológico disponible. Gracias a ella, resolvimos con precisión y seguridad varios casos que:
Paciente con dislipemia: no podíamos calcular su riesgo cardiovascular, hicimos una ecografía de carótidas y femorales donde se visualizaron placas de ateroma subclínicas. Con esa imagen, iniciamos tratamiento hipolipemiante con confianza y sin demoras.
Monoartritis aguda: la ecografía articular reveló la imagen de doble contorno en maléolo interno y primera articulación metatarsofalángica, así como una imagen de acúmulo hiperecogénico compatible con tofo.
Dolor abdominal en fosa ilíaca derecha: descartamos signos ecográficos de apendicitis o patología urgente, permitiendo manejo conservador seguro.
Dolor postquirúrgico en pared abdominal: la paciente, recién intervenida de histerectomía, temía una complicación. La ecografía mostró un hematoma superficial sin complicaciones. Evitamos traslado y ganamos confianza.
La ecografía clínica no es solo una herramienta diagnóstica, es una declaración de independencia. Nos permitió ejercer una medicina resolutiva, segura y humana… incluso sin red.
Cualquier centro de salud con un ecógrafo y formación básica puede mantener la autonomía clínica incluso en contextos críticos. No hace falta alta tecnología, solo herramientas bien utilizadas. Porque a veces, menos es más… y la ecografía lo demuestra.



