XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Reflexionar sobre el impacto de la sobrecarga asistencial y las exigencias de la formación sanitaria especializada en la salud mental de los residentes de Medicina Familiar y Comunitaria.
Inicié la residencia con una clara vocación por la Atención Primaria, atraída por la continuidad asistencial y la relación de confianza construida con los pacientes. Observar a mi tutora, referente para ellos en momentos de especial vulnerabilidad, reforzó mi deseo de ser médica de familia.
Sin embargo, durante la residencia también conocí las dificultades de la especialidad: agendas sobrecargadas, escaso tiempo para una atención integral y la exigencia de las guardias hospitalarias. Lo que inicialmente interpreté como ansiedad propia de la inexperiencia terminó convirtiéndose en un malestar persistente que me llevó a normalizar la toma de lorazepam antes de las guardias. Compartir esta situación con otros compañeros y descubrir experiencias similares me hizo reflexionar sobre cómo determinadas formas de sufrimiento emocional pueden llegar a asumirse como parte habitual de la formación.
La búsqueda de apoyo psicológico, estrategias de autocuidado y una mayor preparación clínica me han permitido afrontar mejor estas situaciones y reducir significativamente el uso de benzodiacepinas.
La sobrecarga asistencial y la presión inherentes a la residencia pueden favorecer la aparición precoz de desgaste emocional incluso en profesionales altamente motivados. Reconocer estas dificultades y buscar ayuda constituye una herramienta fundamental para preservar el bienestar y la vocación profesional.
La terapia psicológica, una preparación más estructurada de las guardias y el apoyo de compañeros y adjuntos han sido herramientas útiles para afrontar los momentos de mayor exigencia. La evidencia también respalda intervenciones como mindfulness, ejercicio físico, descanso adecuado, mentoría y espacios de reflexión compartida. Sin embargo, el autocuidado individual debe complementarse con cambios organizativos que reduzcan la sobrecarga asistencial y favorezcan entornos laborales sostenibles, protegiendo tanto la salud de los profesionales como la calidad de la atención a los pacientes.