XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Reflexionar sobre el papel del tutor ante una situación vital traumática que afecta a su residente, explorando los límites entre acompañamiento, protección y autonomía. Analizar cómo adaptar el proceso formativo y valorar si mantener cierta continuidad puede ser beneficioso para el residente.
Se presenta un incidente crítico surgido durante la tutorización de un residente en los últimos años de formación tras afrontar inesperadamente un suceso familiar de extrema gravedad, con importante impacto emocional y sobre su desempeño profesional.
El incidente generó incertidumbre en el propio tutor: ¿proteger significaba apartar al residente de su actividad o podía significar acompañarlo permitiendo cierta continuidad?
El tutor se enfrentó a un dilema ¿era necesario interrumpir la actividad formativa o podía mantenerse, adaptada y supervisada? La decisión implicaría la necesidad de revisar los niveles de responsabilidad, supervisión y objetivos formativos, manteniendo aquellos elementos de la actividad profesional compatibles con la situación.
Se decidió mantener la actividad adaptándola a la situación del residente.
En la valoración posterior, el residente manifestó que mantener rutinas, objetivos, vínculos profesionales y actividad formativa había resultado positivo durante ese periodo.
La incertidumbre forma parte de la práctica tutorial.
Proteger al residente no siempre implica interrumpir su formación; en determinadas circunstancias se puede continuar adaptando y supervisando la actividad, evitando tanto la desprotección como la sobreprotección.
Mantener cierta continuidad puede ser beneficioso para el residente.
Ante situaciones críticas, la experiencia invita a valorar cuándo continuar la actividad de forma segura y adaptada.
Puede ayudar a otros tutores a reflexionar sobre los límites de su función y sobre cómo acompañar al residente, respetando su autonomía, bienestar y la seguridad de los pacientes.