XXXV Congreso de Comunicación y Salud
7, 8 y 9 de mayo 2026
Atención Primaria.
Hombre de 91 años con adenocarcinoma prostático en seguimiento oncológico que presenta deterioro funcional progresivo y síntomas psicosomáticos tras conocer la progresión metastásica y el pronóstico desfavorable de su enfermedad.
Enfoque individual
Antecedente de adenocarcinoma de próstata en seguimiento por oncología, hasta entonces percibido como bien controlado. Era autónomo y cognitivamente conservado antes del episodio. Tras acudir a urgencias por dolor abdominal se le comunicó que la enfermedad había progresado con metástasis óseas y pulmonares y un pronóstico fatal. A partir de esa comunicación desarrolló anorexia marcada, insomnio, llanto continuado, terrores nocturnos y un sufrimiento vital intenso que afectó rápidamente su funcionalidad global.
Enfoque familiar y comunitario
Vive en su domicilio con su esposa, que presenta deterioro cognitivo y de la que él es el cuidador principal. Cuenta con buen soporte familiar, pero la súbita disminución de su capacidad funcional generó alarma en la red de cuidados y sobrecarga para los familiares, en particular una hija. Fue necesario reevaluar la organización del cuidado domiciliario y coordinar recursos sociales y sanitarios para sostener el entorno familiar.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Se interpretó un empeoramiento multifactorial: progresión tumoral y reacción psíquica aguda ante la mala noticia. En el diagnóstico diferencial se valoraron depresión mayor, síndrome de adaptación, delirium y la propia implicación sistémica de la enfermedad metastásica. Los principales problemas fueron desnutrición, alteración del sueño, sufrimiento emocional grave y riesgo de ruptura del soporte familiar.
Tratamiento y planes de actuación
Se realizó abordaje conjunto entre medicina de familia y cuidados paliativos, priorizando control de dolor, ansiedad e insomnio y apoyo psicosocial.
Evolución
Ante sufrimiento refractario se indicó sedación paliativa, respetando los deseos del paciente y su entorno.
La manera en que se transmite una mala noticia puede alterar de forma decisiva el curso clínico y emocional. La planificación y la empatía en la comunicación favorecen una adaptación más saludable y reducen intervenciones precipitadas. Un enfoque sensible y estructurado puede minimizar el sufrimiento y preservar la dignidad del paciente y su familia.