XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Analizar la utilidad real de la Terapia de Presión Negativa (TPN) en el abordaje de heridas vasculares complejas a partir de la evidencia actual (2015–2025). Buscamos ver cómo responde la herida, asegurar un manejo sin riesgos y aterrizar los cuidados al día a día de nuestro equipo.
A partir de una revisión PRISMA en las principales bases de datos (PubMed, Cochrane, CUIDEN, etc.), la infografía resume lo que necesitamos saber en la práctica clínica:
Microambiente: Limpia activamente el exudado (con sus metaloproteinasas y detritus), reduce la inflamación y oxigena mejor la zona.
Cicatrización: Estimula la angiogénesis y genera un tejido de granulación sano, logrando cerrar la lesión entre un 25% y un 40% antes que con la cura tradicional.
Manejo: Exige recambios cada 48–72 horas, lo que ahorra manipulaciones, reduce el dolor del paciente y optimiza nuestro tiempo.
La TPN es un recurso clave en úlceras con exudado moderado a alto. No es un mero aspirador: activa la vascularización y acelera la recuperación del tejido. Eso sí, hay que tener en cuenta que está desaconsejada en isquemias críticas no revascularizadas o sospecha de malignidad.
Es una guía rápida para la práctica enfermera diaria: nos recuerda que el éxito depende de lograr un sellado estanco, mimar la piel perilesional y controlar las alarmas del sistema. Además, al espaciar las curas, nos ayuda a organizar mejor la carga de trabajo del servicio.
