XXXV Congreso de Comunicación y Salud
7, 8 y 9 de mayo 2026
Ámbito rural.
Colestasis disociada.
Enfoque individual
Hombre de 91 años con antecedentes de alcoholismo. Presenta elevación progresiva de FA y GGT en los últimos 3 meses acompañado de pérdida de apetito y bajada de 3 kg coincidiendo con alta hospitalaria por cuadro de melenas secundarias a úlceras duodenales.
Acudimos a su domicilio para realizar ecografía con su consentimiento. Se objetiva lesión hepática hipoecoica de 11,2 x 9,2 cm con Doppler positivo. US-3 LI-RADS.
Enfoque familiar y comunitario
Soltero. Tiene únicamente el apoyo de una cuidadora formal 8 horas semanales.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Probable Carcinoma hepatocelular.
¿Cómo adaptamos el protocolo EPICEE al paciente, a su contexto social y a la comunicación de una probable mala noticia?
Tratamiento y planes de actuación
Partimos de un entorno adecuado y de conocer la percepción del paciente sobre su estado de salud. Invitación: se valora hasta dónde quiere saber el paciente y éste ratifica su deseo de conocer toda la información. Se le comunica las características de la lesión y la probabilidad diagnóstica. Todo ello de forma progresiva dando espacio a sus silencios y preguntas, siendo honestas en las respuestas ante la incertidumbre diagnóstica y biográfica. Y, adaptado a su lenguaje, siendo muy cuidadosas de no entrar en modismos paternalistas ni infantilizadores. Se acoge su respuesta emocional. Tras la escucha de los deseos y valores del paciente se planifica (estrategia) confirmar el diagnóstico con marcadores tumorales y Tac abdominal; y continuar la escucha de su narrativa de vida en un próximo encuentro.
Evolución
Se diagnostica hepatocarcinoma estadio B con pronóstico vital estimado sin tratamiento de 17 meses. Ante la comunicación de una mala noticia confirmada se trabaja con el paciente aspectos del protocolo relacionados con la aceptación emocional y con la planificación compartida de las decisiones.
Comunicar una probable mala noticia implica moverse en territorio frágil en el que el falso optimismo, el catastrofismo y la angustia profesional pueden aparecer. No solo hay que manejar aspectos comunicativos protocolizados, sino extremar la delicadeza, la prudencia y la honestidad a la hora de medir la información que se da, acompasada con los deseos y valores de la persona. Entender la comunicación de probables malas noticias no como un acto protocolizado sino como un proceso facilita acompañarnos en la incertidumbre y humanizar el encuentro.