XXXV Congreso de Comunicación y Salud
7, 8 y 9 de mayo 2026
Relatar un caso real con una paciente en el que la comunicación y la empatía fueron claves en la reestructuración del vínculo terapéutico.
Tratamos en consulta a una mujer de 48 años que acude en numerosas ocasiones, normalmente sin cita, refiriendo cefalea tensional, dispepsia y otros malestares de intensidad leve. La paciente inicialmente muestra una actitud inamovible, exigiendo únicamente medicación intramuscular para sus dolencias y apelando a la profesionalidad de los sanitarios, todo lo cual moviliza contratransferencias en nosotros. Inicialmente tratamos de indagar en sus motivaciones y recolocar sus expectativas, pero la paciente se muestra hermética e insistente. No es hasta el momento en el que decidimos realizar un cribado de violencia de género cuando observamos un cambio súbito en su actitud, rompiendo en llanto: efectivamente, la paciente reconoce abuso emocional por parte de su marido, lo cual identifica como probable desencadenante de su malestar. Tras escucharla activamente y mostrarle nuestro apoyo, nos confiesa que querría divorciarse pero no se siente capaz aún por las posibles repercusiones dentro de su etnia. La comunicación y el vínculo terapéuticos dan un giro desde ese momento: al validar su malestar dentro de su contexto, la paciente se siente acogida y escuchada, con lo que cesan por completo las visitas sin cita y las exigencias de medicación. Cuando acude, podemos verbalizar directamente el tema y permitirle la ventilación emocional, ofreciéndole herramientas dirigidas a su caso.
Colocarnos en el lugar de la paciente y plantearnos posibles causas para sus dolencias nos ha permitido identificar la verdadera raíz de su malestar, lo cual a su vez ha facilitado el vínculo terapéutico y ha reencuadrado la entrevista. Gracias a ello, podemos centrar el problema y ofrecerle ayuda dirigida en lugar de centrarnos en los síntomas superficiales.
Consideramos que la experiencia es aplicable a todos los ámbitos clínicos.