5, 6 y 7 de febrero de 2026
Reflexionar sobre el valor que tiene, en la formación como residente de medicina de familia, disponer de un ecógrafo accesible en el centro de salud y de un entorno que favorezca su uso como parte de la práctica asistencial cotidiana.
Durante la residencia en un centro de salud rural, la presencia de un ecógrafo en la consulta y la actitud del equipo hacia su uso suponen una oportunidad constante de aprendizaje. Tener el aparato disponible no es suficiente por sí solo; lo que realmente facilita el aprendizaje es formar parte de un entorno que normaliza su uso, lo incorpora en las decisiones clínicas y motiva a los residentes a explorar su utilidad.
Este contexto permite integrar la ecografía en el día a día, no como una técnica aislada, sino como parte del razonamiento clínico: observando cómo la usan compañeros, practicar en momentos tranquilos y comentar dudas en equipo; además de realizar sesiones clínicas internas. Esto permite avanzar de forma progresiva, y adaptando el aprendizaje a situaciones reales: la ecografía deja de ser un extra para convertirse en una herramienta accesible, práctica y resolutiva.
Disponer de un ecógrafo en el centro de salud rural y contar con un equipo que lo utiliza y fomenta su aprendizaje crea un entorno ideal para que los residentes adquieran esta competencia de forma natural, práctica y contextualizada.
Promover centros de salud donde la ecografía forme parte de la cultura clínica y se facilite su uso entre residentes puede mejorar notablemente la formación en medicina de familia y la calidad asistencial.
