XXXV Congreso de Comunicación y Salud
7, 8 y 9 de mayo 2026
Narrar la residencia de Medicina Familiar y Comunitaria como un proceso vivo de crecimiento. Reivindicar la comunicación y la tutoría como el «suelo» que sostiene la identidad profesional frente a un sistema hospitalocentrista.
La residencia es crear un jardín en el centro de salud. El primer año es ser semilla: preparar el terreno y recibir el «riego» de la consulta compartida con la tutora, aprendiendo a mirar juntas. El segundo trae raíces que crecen en rotaciones hospitalarias, necesitando el centro de salud como anclaje para no secarse. El tercer año levanta el tallo: el diálogo es simétrico y el residente aporta su propia sombra al equipo. El cuarto es la flor: el tiempo del relevo y la autonomía. Todo este ecosistema se nutre de elementos invisibles: cafés, silencios y el apoyo vital de administrativos, enfermería y compañeras.
La comunicación no es un complemento, es el suelo del aprendizaje. La seguridad profesional no nace por azar, sino por el cuidado del entorno y la calidad del vínculo docente. Al final, acompañar el crecimiento de otra persona transforma también a quien acompaña: hacer crecer, te hace crecer.
Esta propuesta traslada la comunicación más allá de la relación con el paciente. Es aplicable para fomentar una cultura de equipo donde el vínculo tutor-residente y el apoyo interprofesional sean el abono principal. Nos recuerda que, para que un residente florezca, primero hay que cuidar la red de raíces que lo sostiene.