XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Atención Primaria, Servicio de Urgencias y atención hospitalaria.
Mujer de 70 años que consulta por disnea y dolor torácico intenso, centrotorácico, de características pleuríticas y posicionales.
Enfoque individual
Paciente independiente para las actividades básicas de la vida diaria, cuidadora principal de su marido con trastorno mental grave. Antecedentes de síndrome ansioso-depresivo e hipotiroidismo, sin hipertensión arterial ni diabetes. Presentaba importante sobrecarga emocional relacionada con el rol de cuidadora, con dificultades para establecer límites, escasos espacios de autocuidado y episodios previos de desbordamiento emocional.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
En Urgencias se objetivó elevación de troponina T hasta 404 ng/L y alteraciones electrocardiográficas, ingresando inicialmente con orientación de síndrome coronario agudo. El ecocardiograma mostró acinesia de segmentos medios y apicales y disfunción sistólica moderada, con FEVI del 33%. La coronariografía descartó lesiones coronarias significativas y la ventriculografía mostró alteraciones compatibles con síndrome de Takotsubo. La resonancia cardíaca confirmó edema miocárdico difuso compatible con Takotsubo y recuperación de la FEVI hasta el 53%.
Tratamiento y planes de actuación
El tratamiento cardioprotector se inició a dosis bajas y estuvo condicionado por la tendencia a hipotensión. Se realizó valoración por Psiquiatría y Psicología, iniciándose sertralina y abordando autocuidado, establecimiento de límites y gestión emocional.
Evolución
Se recomendó vinculación con Atención Primaria para apoyo psicológico y recursos para cuidadores. La evolución fue favorable, con recuperación de la función ventricular y alta con seguimiento por Cardiología y médico de familia.
El Takotsubo puede presentarse en un contexto de estrés emocional intenso o mantenido. La Medicina de Familia ocupa una posición clave para identificar la sobrecarga del cuidador, integrar los factores psicosociales en el razonamiento clínico, coordinar recursos sanitarios y sociales y prevenir nuevas situaciones de desbordamiento mediante un abordaje biopsicosocial y longitudinal.