XXXV Congreso de Comunicación y Salud
7, 8 y 9 de mayo 2026
Evidenciar que la contratransferencia existe en la consulta, pero que se puede moldear para atender mejor a la población.
Veo en la lista de la consulta a una paciente citada con una nota de Enfermería que pone «te he cogido tres huecos». Al entrar en la historia clínica, observo con horror que, además de presentar muchísimos episodios, casi todos los resaltados son de índole psicosocial (fibromialgia, depresión, ansiedad...). Al mirar la farmacopea, el sentimiento de estupefacción no hace sino crecer más en mí.
La paciente entra con fascies de desesperanza, y lo que transmite todo el rato son quejas y comentarios de resignación. Tras una primera consulta de una hora, la sensación de asfixia crece en mí.
Por esa contratransferencia generada desde la primera consulta, decido que la voy a ir citando para trabajar con ella y con mis sentimientos. Tras varias consultas, soy capaz de entender mejor su situación psicosocial y comprender cómo se siente. Tras esta labor, las consultas han mejorado sustanciosamente y yo me siento mejor como persona y profesional.
Con frecuencia, nos generamos una primera configuración mental de los pacientes que determina cómo lo miramos para el «resto de la eternidad», pudiendo provocar desgaste o hastío en nosotros, los profesionales. No obstante, en el momento en el que comprendes la situación psicosocial de la persona que está al otro lado de la mesa, se abre una perspectiva nueva en el modo de proceder, generando que la atención prestada sea de calidad y con menos estigmas.
Aceptar que somos personas y atendemos a personas es vital para una correcta atención. Hay pacientes con los que encontramos más sintonía que con otros. En aquellos en los que encontramos contratransferencia, es de utilidad reflexionar y comprender su situación para garantizar una atención digna y de calidad.