XXXV Congreso de Comunicación y Salud
7, 8 y 9 de mayo 2026
El objetivo de esta experiencia docente fue promover en los estudiantes de Medicina la reflexión sobre sus propias experiencias relacionadas con la comunicación de malas noticias.
Durante un seminario de la asignatura de Comunicación Asistencial, 25 alumnos respondieron en un folio en blanco la siguiente pregunta: ¿cómo viviste la primera vez que recibiste una mala noticia?
Después se realizó un análisis cualitativo dónde se establecieron 4 categorías: 1) motivo, 2) sentimientos generados, 3) forma de comunicación y 4) cómo les hubiera gustado recibir. Solo 3 estudiantes narraron el motivo como propio (ej; “me lesioné una pierna”), mientras que los 22 restantes mencionaron la muerte de un familiar (ej; “fallecimiento de mi abuelo”). Todos los estudiantes hicieron hincapié en que les hubiera gustado que no les ocultaran el fallecimiento para haber conocido la noticia antes, lo que les generó un sentimiento de ira con sus familiares (ej; “No me explicaron la razón de porqué lo hizo hasta 6 meses más tarde. Sentía mucha culpabilidad”). Por otro lado, 6 estudiantes destacaron la mala gestión del profesional que comunicó la noticia describiéndolos como (ej; “frívolo” “lo dijo como si solo fuera un resfriado y no me mirara ni a la cara”), destacaron a su vez que ellos lo hubieran llevado a cabo de otra manera (ej; “con más tacto” “más información al respecto no me dijo si podía seguir haciendo deporte”).
Esta experiencia docente pone de manifiesto la importancia de trabajar la comunicación de malas noticias desde una perspectiva reflexiva y emocional en la formación médica. Los estudiantes identificaron el impacto que tiene la forma en que se transmite una noticia en el paciente. La actividad favorece el autoconocimiento y la construcción de una identidad profesional más humana y centrada en el paciente.