XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Analizar el impacto de la hipermodernidad y el avance tecnológico en el deterioro de la salud integral, examinando la fisiopatología de la cervicovagopatía, sus repercusiones metabólicas y su vinculación con el entorno sociológico actual.
El uso prolongado de pantallas induce una postura de cabeza adelantada que genera inestabilidad biomecánica cervical y laxitud ligamentosa. Esta alteración estructural comprime el nervio vago (X par craneal) y las venas yugulares internas, desencadenando un estado de estrés crónico orgánico. Fisiopatológicamente, este estresor activa el mecanismo del «cerebro egoísta»: los sistemas simpático y el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal suprimen la insulina (insulinoresistencia) y limitan la glucosa periférica (disminución de GLUT4) para priorizar el suministro energético cerebral (fallo del brain-pull). Ante esta ineficiencia, el cerebro activa el mecanismo de body-pull, estimulando la sobreingesta y la obesidad debido al bloqueo de la leptina por cortisol, lo que perpetúa un círculo vicioso de sarcopenia y acumulación adiposa. Este cuadro se ve potenciado por la «soledad digital» y el individualismo contemporáneo (sociedad hipermoderna de Lipovetsky; sociedad del cansancio de Byung-Chul Han, entre otros).
La cervicovagopatía no es solo un trastorno biomecánico, sino el origen de una cascada neuroendocrina que eleva drásticamente el riesgo cardiovascular, el accidente cerebrovascular y el deterioro cognitivo. Las demandas de la era hipermoderna alteran la autorregulación metabólica, demostrando que el aislamiento digital actúa como un estresor orgánico severo.
Frente a este escenario, se propone un abordaje terapéutico interdisciplinar que trascienda la medicina convencional. Es imprescindible combinar el ejercicio físico terapéutico y el deporte colectivo con el apoyo psicoterapéutico en salud mental, reafirmando la definición tridimensional de la salud (física, psíquica y social) de la OMS.