X Jornadas de Medicina Rural de la semFYC
2 y 3 de octubre
Atención Primaria.
Hombre de 29 años que acude a consulta de Atención Primaria por eritema nasal de un año de evolución, con sensación de taponamiento nasal.
Enfoque individual
En consulta, se aprecia en punta nasal una placa eritematosa con pequeñas pústulas aisladas y alguna costra en ala nasal derecha. Mucosa nasal eritematosa sin lesiones aparentes.
Previamente diagnosticado de rosácea, en tratamiento con permetrina tópica y doxiciclina oral, sin mejoría. Posteriormente utilizó tacrolimus tópico, con empeoramiento de las lesiones. Ocasionalmente ha recibido mupirocina tópica por sobreinfección de las lesiones.
Enfoque familiar y comunitario
El paciente reside en Valencia, cerca del Parque Natural de l’Albufera. Realizó un viaje a Colombia hace 12 meses, aunque no recuerda si ya presentaba las lesiones previamente. Ningún conviviente presenta lesiones similares.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Se planteó diagnóstico diferencial con acné, dermatitis periorificial, dermatitis seborreica sobreinfectada, rosácea, impétigo y celulitis de punta nasal.
Finalmente, se realizó frotis de mucosa nasal, con PCR (reacción en cadena de la polimerasa) positiva para Leishmania, posteriormente confirmada mediante biopsia de mucosa nasal.
Tratamiento y planes de actuación
Tras el diagnóstico se derivó a Dermatología, confirmándose el diagnóstico mediante biopsia de mucosa nasal. Se completó estudio con ecografía abdominal y analítica sanguínea para descartar leishmaniasis visceral y se cursó ingreso para tratamiento con anfotericina B liposomal intravenosa.
Evolución
El paciente evolucionó favorablemente, persistiendo leve hiperpigmentación postinflamatoria residual.
La leishmaniasis mucocutánea debe incluirse en el diagnóstico diferencial de lesiones faciales crónicas y refractarias al tratamiento, incluso cuando simulan patologías frecuentes como la rosácea, especialmente en áreas endémicas como la Comunidad Valenciana.
La Atención Primaria tiene un papel clave en la sospecha clínica precoz, integrando la primera evaluación y el seguimiento de la evolución tórpida con falta de respuesta al tratamiento y el contexto epidemiológico.
El diagnóstico oportuno permitió instaurar un tratamiento específico, resolviendo así la clínica larvada del paciente y previniendo posibles complicaciones derivadas de la afectación mucosa de la leishmaniasis.